Economía

La economía del conocimiento y la política de Estado

By abril 7, 2019 mayo 30th, 2019 No Comments
07.04.2019 | Clarín. Economía | Autor: Silvia Naishtat

En los campos de California, Beeflow , nacida en Argentina, brinda el servicio de polinización profesional a los farmers con una fórmula que combina conocimiento científico, tecnología y avejas para multiplicar los rindes de los cultivos. Beeflow es otro de los trofeos de nuestra industria del conocimiento. Indie.Bio, la número uno en Silicon Valley en adoptar este tipo de empresas y acelerar sus primeras etapas, también eligió a Beeflow y a otras como Epigenitas, experta en edición de genes y a Stamm dedicada a la manufactura de productos biotecnológicos. En Córdoba, Honda, el grupo japonés de autos, desarrolla el software para varios de sus modelos globales. Y en Sunchales, Santa Fe, un grupo de pymes creó un avión pequeño para salir a competir. La firma se llama Aerosun.

Estos son algunos ejemplos de uno de los sectores más dinámicos de la economía, con 36 centros productivos en el interior del país y una potente capacidad de exportación. En 2018 la llamada industria del conocimiento, con US$ 6.000 millones, se convirtió en el tercer exportador después de granos y aceites y los autos.

La novedad es que se impulsa una ley que se bautizó de la Economía del Conocimiento que es una “continuidad pero mejorada” del proyecto que supo impulsar Roberto Lavagna cuando era ministro de Kirchner y que permitió desarrollar la industria del software.

El secretario de Emprendedores y Pymes, Mariano Mayer, señaló a Clarín: “Apuntamos hacia 2030 a la creación de 215.000 nuevos trabajos, que significa duplicar la cifra actual y a US$ 15.000 millones de exportaciones”. En su visión esta “industria del talento, tiene doble impacto porque su capacidad de innovación mejora al resto de los sectores impulsando la productividad”. Mayer sostiene que al poseer un conglomerado industrial como pocos países en el mundo, Argentina cuenta con una ventaja difícil de igualar. Y en cuanto a la ley, consensuada durante meses con los protagonistas, sabe que dará una batalla en el Congreso que tiene ganada de antemano. “Hay consenso, no hay grieta, la industria del conocimiento es política de Estado”, asegura.

Este año se vencía el régimen del software y la nueva ley abarca a más sectores y prevé nuevos incentivos en un mundo donde muchos países se desviven por atraer talento.

El proyecto incluye a la biotecnología, robótica, inteligencia artificial, la impresión 3d, a las industrias creativas, los satélites, y los servicios profesionales de exportación. Prevé una baja en el costo laboral y en Ganancias. Así las cosas, habrá un mínimo no imponible acelerado para no pagar contribuciones patronales. Si ese mínimo, que para economías regionales y sectores sensibles, se sitúa en en $ 17.500, para la economía del conocimiento será $45.000.

En cuanto al impuesto a las Ganancias que para el conjunto de las empresas es 30% sobre las utilidades y otro 7% sobre el reparto de dividendos, con el objetivo de estimular que el usufructo no se reparta sino que se reinvierta, en las tecnológicas será de 15% y 13% si se distribuyen utilidades. Además, si se exporta a un país sin convenio de doble imposición , los impuestos que se retienen en ese país de destino se pueden tomar a cuenta de Ganancias. La estabilidad fiscal es otro pilar de la ley, que incluye los derechos de exportación que no podrán subir de los actuales 4 pesos por dólar y se estipula que quienes facturen hasta US$ 600.000 por año no lo paguen.

¿Cuáles son las empresas elegibles para estos beneficios?, se preguntó a Mayer.

-El 70% de la facturación debe provenir de una de las actividades tecnológicas y debe tener una certificación de calidad. El 3% de sus ingresos se debe aplicar a la investigación y desarrollo. El 8%, a capacitación. Y tiene que exportar como mínimo un 13%. Las micro empresas pueden acceder a los beneficios y cuentan con 3 años para alcanzar los otros requisitos.

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